¡SORPRESA!

Foto de Karlos Wayne

Tras cinco días en coma, todos sintieron como propia la convicción de que, sin duda alguna, se trataba de un milagro. Incluso el propio personal del hospital rehusó negarlo, aunque, por razones obvias, tampoco lo afirmaron.
El caso es que Gerardo despertó.
Las primeras palabras del médico fueron claras, directas y alarmantes: su corazón estaba seriamente dañado y después reiteró “SE-RI-A-MEN-TE”, solo para estar seguro de que lo entendía. Por lo cual nada de emociones ya no fuertes, que por descontado están prohibidas, sino cualquier cosa que pudiera acelerar su maltrecho corazón apenas dos revoluciones mas de lo debido. ¿Café? Ni olerlo. ¿Sal? Ni de cerca. ¿Red Bull? Muerte instantánea. ¡Ni siquiera andar! Al menos por una semana…Gerardo se agarró con resignación a los brazos de la silla de ruedas que le había llevado al despacho del doctor. Incluso, decidió incluir el doctor, la explosión de un simple globo en un parque podría acelerar peligrosamente el corazón y padecer otro paro cardiaco. Esta vez con mortales consecuencias.
Gerardo tragó saliva. Era consciente de lo que el médico le advertía. Aún tenía fresco en la memoria el terror vivido ante la certeza de saber que se moría. Ahora tenía una segunda oportunidad. Ingenuamente, Gerardo le pidió al doctor si podría quedarse unos días mas en el hospital ya que su familia era, en pocas palabras, escandalosamente numerosa. El doctor sonrió. Tenía la habitación preparada. Se despidieron y la enfermera condujo su silla con delicadeza a lo largo del pasillo, parando frente al ascensor. La enfermera pulsó el botón naranja y esperaron. Tras un leve “Ding”, la puerta del ascensor se deslizó hacia la derecha y con cuidado la enfermera dio la vuelta a la silla entrando de espaldas. Frente a Genaro la puerta del ascensor se deslizó de nuevo y éste se sintió nervioso. El ascensor, tras un breve movimiento brusco comenzó el ascenso. Gerardo sintió una leve punzada en el corazón y se asustó. Comenzó a respirar con dificultad. Otra vez (pensó aterrado), ya viene otra vez… La enfermera colocó una mano sobre su hombro y trató de tranquilizarle. Siguiendo sus instrucciones comenzó a recuperar la respiración. Su nerviosismo descendía mientras el ascensor llegaba a su planta. El corazón quebrado volvió a su velocidad normal. Seguía asustado, controlando su miedo, pero asustado. No dejaba de pensar en el vendedor de globos del parque. No iría a ningún parque. La enfermera se detuvo frente a la habitación. Le dio la vuelta a la silla de Gerardo y abrió la puerta empujándola con la espalda. Una vez en el interior, y al darle la vuelta de nuevo, la numerosamente escandalosa familia de Gerardo saltó al unísono, todos a una y con la mejor de las sonrisas dejándose la voz…
¡SORPRESAAAA!

 

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