Nuestra Eterna Primavera

Mis mariposas, las estomacales, me dicen que ya llega la primavera.

Ya la veo acercarse sin prisa, pero sin pausa. Con la misma seguridad, la misma certeza y tenacidad con la que tú…

El mes de febrero ha dejado de doler. No me preguntes desde cuando, yo me he dado cuenta este año. Saber que marzo está a la vuelta de la esquina, parece que mitiga la salida del intenso suplicio que es vivir enero, cuya cuesta ya sabrás que dejó de tener relevancia en el momento que ya no estabas para subirla. Y yo creo que es por eso por lo que no duele; febrero me anuncia que llega marzo y con él, irremediablemente, la primavera.

Con ella, con la primavera, regresas a mi vida. Mi existencia vuelve a girar en torno a ti. Por que a estas alturas ya sabrás que yo no puedo no cumplir mi promesa, aunque tú ya no puedas cumplir la tuya. Se te perdona, dadas las circunstancias.

92. Ni uno más, ni uno menos.

92. Ni una más, ni una menos.

No te rías.

Y no me importa lo más mínimo que puedas estar de acuerdo con ellos, porque yo noto que cumplir mi promesa me ayuda, me acerca. Te acerca. Me da vida, al menos la vida necesaria para afrontar la hibernación del verano, del otoño, hasta que el angustioso enero me despierte de nuevo con tu belleza rota, tu estructura picassiana.

Enero sigue siendo mi invierno con F.

¡Pero ahora febrero me ayuda! Que lo sepas… Me lleva de la mano hasta marzo y de ahí me lleva hasta tí. Hasta la primavera.

92 días, ni uno más, ni uno menos.

92 flores nuevas, frescas, ni una más, ni una menos. Como a tí te gustaban.

Gustan.

92 veces que me acercaré a tí y tú sonreirás. Sé que lo harás. Y mirarás a los lados, estés donde estés, avergonzada. Como siempre.

Como cada primavera.