NO ESPERES LEVANTADO

Ella, vestida de blanco,
se preguntó al entrar cuánto tiempo èl,
aún con el mando de la tele en la mano,
llevaría esperando.
Él, con una ligera mueca de decepción,
parecía querer esbozar una media sonrisa,
aunque esta resultaba apenas creíble.
Ella agarró la mano de él con la misma delicadeza
con la que le apartó el flequillo
con la sola intención de mirarle a los ojos,
de intentar leer en su mirada la honestidad
que sus palabras se negaban a revelar.
Y fue ahí,
en el preciso instante en el que sus miradas se cruzaron,
cuando ella dedujo que
el tiempo que él estuvo esperando era recíprocamente proporcional
al estado de descomposición del cuerpo.
— Poco más de un año…. -le dijo a su ayudante sin mirarle- mételo en la bolsa e informa al anatómico que vamos de camino.
– Si, inspectora.