Living the Dream

La primera vez que vino la enfermera con aquella jeringa amenazante, con aquella aguja invasora que le arrancaba el miedo, creyó que se iba a morir, pero no ocurrió. Y respiró aliviado. La segunda vez, cerró los ojos esperando que el dolor, esa vez, no le sacara la vergonzosa lagrimita delante de la sonrisa de la enfermera. A partir de la tercera ya se envalentonó. Se sentó y esperó estoico. Hoy es la inyección número diecisiete, ¿o es la diecinueve? Qué difícil se ha vuelto seguir la cuenta para el pequeño Edu, que pese a que sabe que aún le duele, espera cada día con emoción a que llegue Natalia a pincharle. Le gusta cómo huele, (y cómo le acariciaba la cabeza con sus dedos finos y largos) cuando se le acerca a preguntarle cómo está hoy. Él siempre contesta lo mismo, lo aprendió el día de la inyección número siete. Normalmente no le gusta tener compañeros, pero aquel día llegó un chico bastante más mayor que él, como de la universidad, y no le importó mucho por que pronto se dio cuenta de que no hablaba español. Tras un par de intentos fallidos de comunicarse, el chico de la universidad se dio por vencido y se abrazó a la tele. La enfermera, que no era Natalia ya que esta comenzó a venir con la inyección número trece, le preguntaba en inglés y el chico le contestaba también en aquel idioma. El chico murió al poco, o eso creyó Edu, ya que vio a los familiares llorando mucho el día que lo sacaron de la sala. Aquel día recuerda Edu que trajeron globos y flores y la verdad es que no entendió muy bien que tenían que ver los globos con morirse… El caso es que el chico de la universidad le cayó bien después de todo y para homenajearle, pensó que sería una buena idea seguir dando aquella respuesta. Pero la enfermera, al igual que el chico de la universidad, no volvió. Y llegó Natalia, con su olor, con su sonrisa y sus dedos largos navegando por su pelo. Le costó dos inyecciones más atreverse a contestarle, pero cuando lo hizo se arrepintió de inmediato el no haberlo hecho antes. Edu no tenía ni la más remota idea de lo que aquellas palabras significaba, lo mismo le estaba diciendo que su culo olía a pedos podridos como le podría estar pidiendo matrimonio. Pero cada mañana, al entrar Natalia por la puerta con el carrito de las inyecciones y preguntarle “¿Cómo estás hoy?”, el “Living the dream” de Edu iluminaba la cara de la enfermera. Cuando se recuperara del todo, Edu iba a estar estudiar inglés. Ese idioma tiene algo que hace a las chicas sonreír.

Foto de Karlos Wayne

Si, hoy es la inyección diecisiete. Y a estas alturas Edu ha aprendido a hacer un movimiento de ojos para que Natalia sepa lo que él quiere decir. Ya no necesita usar la palabra. Así de conectados están. Ella le pregunta cómo está y él entorna un “Living the dream” con la mirada. Pero pese a esta complicidad, algo preocupa a Edu. Su frase en inglés ya no parece causar el mismo efecto en la bella enfermera. Su mirada se ha oscurecido. Sus dedos finos ya no le acarician el pelo, en su lugar le acarician la mano y claro, no es lo mismo. Igual es por el gorro de Batman que su madre le obliga a llevar, aunque se ase de calor. No está seguro. A lo mejor se le ha muerto un enfermo, como le pasó al chico de la universidad, y eso le ha entristecido… ¡Vete tú a saber! Pero ya se preocupará de eso mañana. Por que hoy Edu está de cumpleaños. Su familia ha venido al completo, con globos y con flores. Y le tocan y le besan. Y es raro, por que en su último cumpleaños Edu recuerda que era invierno y nevó y hoy todo el mundo lleva ropa de verano.

 

Anuncios