La nota

Acostumbrado al silencio de su apartamento, el sonido del papel deslizándose llamó su atención con la suficiente antelación para ser testigo de cómo este se detenía justo en medio del bajo de la puerta. Cerró el periódico sobre su regazo y se permitió unos segundos de confusión, después de todo aquello era un hecho, cuanto menos, inusual. Le entró miedo.

No se atrevió a moverse de su sillón de lectura, la luz de la tarde aun iluminaba la estancia, pero este hecho afortunado no iba a durar mucho, por lo que rápidamente se percató de que tarde o temprano tendría que levantarse ya que, bajo ningún concepto, se iba a quedar o oscuras y sin hacer nada! Tras unos instantes de análisis crítico de la situación, observó que de todas las opciones posibles, dos, tan solo dos eran las más viables, pero no fue capaz de decidirse: o bien se armaba de valor, se levantaba del sillón, abría la puerta de la calle y se iba de allí como alma que lleva el diablo o bien se armaba de valor y recogía la extraña nota aparecida bajo la puerta del armario.

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