Kim, enfermera (A Star Wars story)

No hace mucho tiempo, en una galaxia más cercana de lo que puedas imaginar, el caos y la inestabilidad brillaban por su ausencia.

Prosperidad y fraternidad ha venido siendo, desde el final de las guerras clon, el modo de vida en todo el Imperio galáctico.

Sin embargo, la amenaza de destruir esa paz conseguida hace mucho tiempo, estaba siempre al acecho. Y esa amenaza, como la mala hierba, Aparecía siempre en los lugares más insospechados.

 

Kim sintió la “llamada” incluso antes de poder entender su significado. Siempre dio muestras de querer ser útil, de formar parte de algo cuya máxima premisa fuera hacer del mundo un lugar mejor.

A los dieciséis años de edad, ante la atónita sorpresa de familiares y conocidos, Kim respondió a la “llamada” de una forma que nadie sospechó. No sabía cuándo ni de qué forma cumpliría con lo que se esperaba de ella, pero al menos el primer paso estaba dado. De ahí a alcanzar su máxima aspiración solo había una puerta que tarde o temprano se abriría ante ella.

El título de enfermera se le fue concedido sin apenas esfuerzo por su parte. Su bien dotada inteligencia le facilitó, indudablemente, la labor, si bien su ambición y la altitud de miras con las que se observaba así misma fue lo que consiguió posicionarla como la primera de su promoción; paso indispensable para la segunda parte de su plan.

El hospital al que fue asignada, el Palpatine Memorial Hospital estaba reservado únicamente para aquellos profesionales que sobresalían de la media, los números uno de su campo. Y allí estaba Kim, orgullosa de lucir la bata blanca impoluta con su nombre bordado en rojo en bolsillo, preparada como nadie para cumplir su misión cuando fuere que esta se presentara.

Kim encendió la tablet antes de entrar en la habitación. Todos los datos de la parturienta salieron en la pantalla, suspiró y entró. Su primera paciente.

— Buenos días señora Walker —Sonrió Kim abiertamente— ¿Cómo se encuentra esta mañana?

La señora Walker daba muestras de estar cansada, más por la espera a ser atendida que por el propio embarazo que parecía no tener fin. Con su primera hija, Star, todo fue más rápido, más cómodo si cabe y empezaba a dudar si realmente este embarazo iba tan bien como los médicos decían.

— ¿Cuánto tiempo más he de permanecer aquí? —Preguntó impaciente— No tiene sentido seguir posponiéndolo más. ¿O es que hay algún problema?

— Ningún problema —siguió Kim sonriendo abiertamente— De hecho estoy aquí para confirmarle que está todo preparado.

— ¿Qué? ¿Ya? — A la señora Walker se iluminó la cara— Pero mi marido y mi hija no están aquí aun, ¡no puedo hacerlo sin ellos!

El parto, una vez que el señor Walker llegó con su hija, Star, de diez años, se llevó a cabo sin incidentes. Kim recibió a la nueva criatura de las manos del médico con curiosidad, la envolvió en una toalla y la llevó a la mesa donde la lavó cuidadosamente, la midió y pesó  y se la ofreció a la madre que lloraba, no se sabe si de felicidad o de agotamiento. O de ambas cosas.

— Enhorabuena señora Walker —dijo una emocionada Kim, consciente de que la primera vez que haces algo así nunca se olvida. Nunca— Felicidades señor Walker.

— Gracias —respondieron ambos al unísono, felices.

— ¿Y ya saben cómo la van a llamar? —Preguntó Kim con curiosidad— No hay prisa ninguna, no me malinterpreten, es más que nada por el registro e ir agilizando así el papeleo, supongo que estarán deseosos de llegar a casa.

La pareja se miró con amor y Star, la hija, se unió a ellos. Parecían estar de acuerdo en cuál iba a ser el nombre de la niña.

— Se va a llamar como mi bisabuela —dijo Star con su vocecita de grillo— Es el nombre más bonito del mundo mundial.

— Así es —respondió el señor  Walker— ¿Estás segura que no te importa llamarla como mi abuela?

— ¿Y te atreves a preguntarlo? —Dijo la señora Walker disimulando sorpresa.

El señor Walker se volvió hacia Kim y con una mirada cristalina y llena de orgullo sonrió.

— Señorita enfermera, permítame presentarle a Sky.

— ¿Sky? — Exclamó Kim emocionada— ¡Es el nombre más maravilloso que oído en mi vida!

Kim se dio la vuelta, se avergonzó de pronto de que la familia Walker la vieran así de emocionada con los ojos enrojecidos, ¿qué iban a pensar! Despacio comenzó a tirar de la cortina corredera que rodeaba la cama, para darles algo más de intimidad.  Al llegar a cerrarla del todo, los ojos ya no le picaban, estos, rojos de la sangre Sith que corría por sus venas, sonreían satisfechos.

— Sky… Un precioso nombre señor  y señora Walker —les dijo saboreando sus palabras— Sky Walker.

Cerró la cortina con ímpetu y se dio la vuelta blandiendo el sable de láser rojo con la mano, moviéndolo de un lado a otro a una velocidad ferviente, alejando así, como llevaban haciendo desde hacía miles de años, la posibilidad de que un nuevo “elegido” pudiera desestabilizar el orden de la galaxia.

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