El poder de decidir

Camina, quiero enseñarte algo. Mi casa aún sigue en pie. Aunque hace meses que dejó de ser mía. Queda vago en mi memoria el recuerdo de la ultima vez que atravesé su umbral. Este bosque, que tantas veces me abrazó de niño, me obliga a pensar ahora en todo lo que hemos perdido. No solo vosotros, o yo. Lo que hemos perdido todos. Y no hablo solo de las casas, no. Te hablo de la razón. Hemos perdido la razón.

No hace mucho alguien me preguntaba qué era lo que más echaba de menos de antes de la guerra. La tarta de moka de mi madre, le contesté sin pensarlo siquiera. Ella sabía lo poco que me gustaban los bizcochos secos y, aunque era todavía un niño, lo empapaba bien de brandy Soberano. Pero si he de ser sincero, y creo que la situación de ahora lo merece, te diré que no es es lo que más añoro. En este tiempo echo en falta, sobre todo, el poder de decidir. Sopesar cada situación, valorar las opciones disponibles y decidir cual es la mejor. Eso, el poder de decidir, es lo más valioso que nos ha robado esta guerra.

Foto de karlos Wayne

Mira, acércate. ¿Ves aquella casa allí abajo? La reconoces, ¿a que si? Esa es mi casa. O era, porque ahora es vuestra, ¿verdad? Ven, siéntate. Yo mismo la construí. En realidad la construyó mi padre, yo le ayudé, por eso está ligeramente ladeada hacia la izquierda. No, no vayas por ahí, ya sé lo que estás pensando: izquierda, socialista, comunista… No, no   “-istas”. No hay “-istas” en la historia de mi padre. Si acaso costumbrista, aunque tampoco… A mi padre todo lo que construía le salía ladeado porque el hombre no sabía hacerlo de otra forma.

Tú naciste en la guerra, ¿me equivoco? ¿Qué tienes, quince, dieciséis años? Te has criado entre fusiles y bombas. ¿Verdad? Para ti hay dos tipos de personas en el mundo, los tuyos y los otros. ¡Y no te culpo! No me mal interpretes. No has podido decidir por ti mismo y, seamos sinceros, tampoco es que te vea yo con muchas luces si, llegado el caso, hubieras podido decidir…

Cuando yo tenía tu edad también había (solo) dos tipos de personas en el mundo; las que te miraban por encima del hombro y aquellas a las que tú mismo mirabas por encima del hombro. Pero luego creces, vives, maduras y te das cuenta. En un momento concreto de tu vida te das cuenta de que en realidad todos somos iguales. Todos ansiamos lo mismo, soñamos lo mismo y al final todos nos arrepentimos de no ser quienes habíamos querido ser.

Pero tú no eres así. Tú eres… Siento decirte que tú eres un caso perdido. Para ti siempre serán los tuyos y los otros.  Incluso si la guerra terminara mañana, seguirían habiendo los tuyos y los otros, independientemente de quién gane o pierda, o si nadie gana ni pierde. Tu hijos seguirán alzando a los tuyos y odiando, discriminando a los otros. Y los hijos de tus hijos… El daño ya está hecho, aunque tú ahora no lo veas. Porque no lo ves, ¿a que no? Todo lo que eres capaz de ver ahora mismo es mi arma. Estoy convencido de que no has escuchado ni una sola palabra de lo que te he dicho. Por que no te importa. Todo lo que necesitas saber es que no soy de los tuyos. Poco importa que tampoco soy de los otros. No ser de los tuyos es lo único que me convierte en tu enemigo.

En fin, aquí partimos. No te lo tomes como algo personal. De verdad que no lo es, créeme. Solo estoy despojando de la faz de la Tierra la semilla de tres generaciones de odio infundado. Ojalá hubiera otra salida. Quisiera Dios que hubiera otra forma de arreglar esto, de poder tomar una decisión distinta. Pero es la guerra, la puta guerra que nos arrebató el poder de decidir.

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