CLANDESTINO

La Mari, indignada ante aquellas terribles noticias llegadas desde el mar Mediterráneo, no cejaba en su empeño de adoctrinar al Santi, que alelado como se quedaba siempre que tenía su cara delante, asentía sin apenas estar escuchando lo que ella le decía.
—¿Pero lo entiendes o no lo entiendes? —La Mari asentía con la cabeza mientras preguntaba, tratando así de insinuarle al Santi la respuesta que quería oír.
—Pues claro Mari —se indignó entonces él—. Que no soy tonto.
—¿Pues qué es entonces? —preguntó ella desafiante.
—¿Lo que? —se sorprendió él ante la imprevista pregunta.
—¡Clandestino, Santi! —qué paciencia, señor—. ¿Qué es un clandestino?
El Santi se la quedó mirando. Era corto en palabras, siempre lo fue.

Foto por karlos Wayne

—Si yo se lo que es —se defendió—, pero no se cómo expresarlo así, con palabras y eso…
La Mari se lamentó de sí misma por tener un amigo con tan pocas luces, con la cantidad de seres inteligentes que había en el mundo y se le tuvo que arrimar el Santi.
—Que si sé lo que es —volvió a defenderse ante el ya familiar gesto que la Mari mostraba cuando algo no salía como ella quería—. A ver cómo te lo explico yo, espérate…
La Mari, resignada, abrió el bolso para sacar el teléfono. Igual el Google lo explicaba de forma sencilla para que el Santi se enterara de qué iba la cosa. Sin darle tiempo siquiera a meter la mano en el bolso, el Santi agarró su cara con ambas manos, le dio un besazo y salió corriendo.
Tras un momento de sorpresa, la Mari sonrió.
—Ains —suspiró—. Si cuando quiere lo entiende…