S.I.E.T.E.

Guión de cortometraje
por Karlos Wayne

 

 

 

 

INT. HABITACION DIA

Julio, de unos 35 años, se despierta lentamente, vestido con un mono verde de dos piezas (pantalón y chaqueta de cremallera) con la bandera española en el lado izquierdo del pecho y en el antebrazo. Bajo la bandera del pecho las siglas S.I.E.T.E. Cerca de la cama hay una puerta por la que, aún somnoliento y visiblemente muerto de frio, entra al lavabo, hace pis y se lava las manos y la cara. Cuando sale del lavabo cae en la cuenta de no saber dónde está. Camina por la habitación, extrañado y se percata de que la otra mitad de la habitación está separada por un gran ventanal de cristal, del techo al suelo y de pared a pared, que comunica, al otro lado, con lo que parece ser una cabina de mandos de un avión, pero bastante mas amplia, muchísimo más futurista. Julio, aturdido, se acerca al cristal sin saber qué hacer. Acerca su mano y al tocarlo descubre que éste está congelado. Julio comienza a desesperarse, no entiende nada. No hay puerta, pero si un pequeño panel donde hay un botón con un letrero debajo que dice: “DESCRIOGENIZACION”. Julio teme pulsarlo, pero tras mirar a su alrededor una vez más y no ver otra salida, respira hondo y pulsa el botón. Se queda esperando en silencio y expectante, pero no parece pasar nada. De pronto siente algo en sus pies. Mira al suelo y se sorprende al ver agua. No es capaz de ver de dónde sale, pero el nivel no deja de subir. En pocos segundos el agua ya le llega por las rodillas. Con el nivel del agua ya casi en el techo, Julio hace un esfuerzo sobre humano por mantenerse a flote. El agua lo inunda todo completamente y Julio, sin poder escapar del agua y respirar, se queda sin sentido. En ese momento el agua comienza a desaparecer velozmente. En pocos segundos Julio yace en el suelo sacando el agua que ha tragado en un ataque de tos. Continúa sin sentido. Del suelo comienza a salir una fuerte ráfaga de aire que le seca en un instante. Tras oír un sonido hidráulico, Julio abre los ojos despacio y mira hacia el panel de cristal que se eleva y deja abierto el paso hacia el otro lado.

 

INT. CABINA DE MANDOS DIA

Julio se levanta con esfuerzo y se dirige hacia la cabina de mandos. Por su actitud vemos que no tiene ni idea de que está pasando, ni idea de dónde está ni que está haciendo allí. Se percata de que su ropa está completamente seca y se toca el pelo, sorprendido. La cabina consta de infinidad de luces y botones, junto con varias pantallas. En un panel vemos un reloj digital que muestra la hora y la fecha: 10 NOVIEMBRE 2180, 14:25. Julio mira alucinado la fecha, no se lo cree. Comienza a escudriñar las paredes, buscando una salida. Frente a él hay una ventana en forma de ojo de buey, tapada por una cortina redonda que cubre exactamente el radio de la ventana. Abre la cortinilla y asustado pega un salto hacia atrás acabando sentado en el suelo. Poco a poco se va acercando mas a la ventana y ahora vemos con él, a través del cristal, el espacio exterior, con el planeta Tierra de fondo. Julio se levanta del suelo nervioso. Se acerca al panel de mandos y se sienta en la silla desde la cual comienza a estudiar con la mirada toda la ingeniería informática que tiene frente a él. Hace el amago de tocar algunos botones, pero solo los roza con los dedos. Se recuesta en la silla con un suspiro y al mirar hacia arriba descubre sobre él un casco conectado al techo por una serie de cables, en el que parece haber un micrófono incorporado. Julio agarra el casco y lo baja hasta colocarlo en su cabeza. En el momento en el que se lo coloca varias funciones del panel que estaban apagadas comienzan a encenderse y a hacer ruidos de conexión. Julio agarra el micrófono incorporado al casco y se lo coloca frente a la boca.

JULIO

¿Hola? ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?

 

De nuevo el silencio. Se quita el casco y éste se auto retracta hasta su posición original, arriba cerca del techo. Se fija de nuevo en el panel de mandos frente a él.

 

JULIO

O es una broma o es un sueño.

 

Julio alarga sus manos y las coloca a varios centímetros del panel, de pronto las baja y comienza a pulsar botones sin ton ni son, muy rápido. Aparta las manos y las deja en el aire, expectante. Tras unos segundos comprende que nada funciona, todo sigue como estaba. Se recuesta en la silla y una sirena suena. Varias luces de alarma inundan el interior de la nave. Julio mira hacia todos lados asustado.

 

ALTAVOCES

¡Atención! ¡Atención! Programa de auto descompresión en marcha. Programa de auto descompresión en marcha. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave.

JULIO

Desco… que?  Desco… que?

ALTAVOCES

¡Atención! ¡Atención! Programa de auto descompresión en marcha. Programa de auto descompresión en marcha. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave.

 

 

Julio se levanta de la silla totalmente alterado. Se acerca de nuevo al panel donde un montón de luces parpadean sin cesar. Está a punto de pulsar algunos de ellos de nuevo, pero se arrepiente y se echa para atrás. Se lleva las manos a la cabeza, no sabe que hacer…

 

ALTAVOCES

¡Atención! ¡Atención! Programa de auto descompresión en marcha. Programa de auto descompresión en marcha. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave. Personal de abordo tiene cinco minutos para abandonar la nave.

JULIO

¡Vale! ¡Vale! ¡Ya lo he oído! ¡Ya lo he oído!

 

Julio sigue mirando a su alrededor, ahora con más atención. De entre todas las luces que hay parpadeando se fija en una, de color rojo, sobre la que se lee: ANULAR DESCOMPRESION. Duda por un instante, pero finalmente lo pulsa y las alarmas cesan de sonar. Julio se queda quieto, expectante. Se queda quieto, esperando que algo más pase, pero no ocurre nada. Cierra los ojos y suspira aliviado.

 

ALTAVOCES

Programa de auto descompresión desactivado.

 

Julio pega un salto al oír de nuevo los altavoces.

 

JULIO

Esto no es real. Debo estar soñando.

Esto es una broma.

 

En una estantería varias cajas de metal llaman su atención. Coge una, la abre y descubre dentro un diario de a bordo. Página a página Julio va descubriendo todo el proceso llevado a cabo para su criogenización. El libro está escrito a mano y con dibujos llenos de detalles. Del interior del libro se cae una hoja doblada al suelo. Julio la recoge, la desdobla y ve que se trata de su currículo, en el que aparece como guarda nocturno-recepcionista.

 

JULIO

Me contrataron como recepcionista…

¡Me contratasteis como recepcionista!

 

Julio deja el libro sobre una mesa y coge otra de las cajas. La abre y ve en su interior varios CD’s, entre ellos Mozart, Beethoven, Dvorak y Michael Jackson. En otra caja varios DVD con la historia de la humanidad, el último de ellos fechado en el año 2000. Julio deja la caja en la mesa y se sienta tratando de poner orden en sus pensamientos. Mirando a su alrededor se fija en una de las pantallas en la que se ve a sí mismo reflejado, Julio se quita la chaqueta y la mira incrédulo, bajo la bandera del pecho, su nombre: JULIO ESPINOSA y en el otro lado las siglas S.I.E.T.E.  Julio se sienta en la silla, afligido, y se tapa la cara con las manos.

 

JULIO

Esto no me está pasando…

 

En ese momento un pitido intermitente le saca de su ensimismamiento. Julio mira hacia todos los lados tratando de buscar el origen del ruido cuando, casi de pasada, descubre un pequeño acuario insertado en una de las paredes, lleno de mierda y con un pez dentro, muerto. Julio lo mira con compasión y continúa buscando el origen de aquel pitido. Al lado de uno de los monitores una luz verde parpadea incesantemente.

 

JULIO

¿Y ahora qué?

 

No se atreve a pulsar el botón, se aparta un poco de la pantalla y se fija de nuevo en el pez muerto, dirigiéndose a él.

 

JULIO

Seguro que tú tampoco sabrías si pulsarlo o no.

Si, claro, tú eres un pez, ¡pero yo solo soy un

simple portero de noche!

 

Mira a su alrededor mientras grita, esperando que alguien le oiga.

 

JULIO

¡Un simple recepcionista! ¡Me oyen! ¡Ehhh!

Julio coloca su mano sobre el botón, desconfiado. Mira al pez de reojo, buscando su aprobación y finalmente se decide y pulsa el botón. Los pitidos cesan y el monitor se pone en marcha. Julio se queda expectante frente al monitor, de reojo mira al pez y le hace un gesto como diciendo “no pasa nada”. Entonces el monitor se ilumina y aparece el PROFESOR ALAMEDA, mirando fijamente a cámara con gesto preocupado.

 

PROFESOR

Hola. Soy el profesor Alameda, jefe del

Servicio de Inteligencia Español y Tecnología

Espacial, el SIETE. Ante todo, mostrarle mi mas

profundo… respeto. Y admiración, por

embarcarse en esta arriesgada investigación

de manera tan… altruista y.… decidida.

 

JULIO

¿Quién? ¿Yo? Yo no me he

embarcado en anda…

 

PROFESOR

Por otro lado, si usted está visionando este mensaje,

o no es usted Julio Espinosa, (Julio se sorprende al oír su

nombre), tendremos que lamentar que algo no ha salido

como todos esperábamos. La criogenización se llevó a cabo el

12 de agosto del año 1999, en el stand de la cabina tendrá todos los

datos concernientes a… No, esto no tiene sentido. Mire Julio, voy a serle

franco, si está usted viendo este video, poco importa lo que pueda

decirle yo respecto a NADA. La nave tiene memorizada la vuelta a nuestras

instalaciones para el día 12 de agosto del 2000. Si para esa

fecha la nave no ha dado señales de vida, usted será des-criogenizado

automáticamente y se le mostrará este video. Si este es el caso, mucho

me temo que tendremos que darle por perdido. Lo siento hijo.

Y gracias. Infinitas.

 

El video finaliza y la pantalla se apaga automáticamente. Julio no deja de mirar al monitor, ya en negro, viéndose a si mismo reflejado. Como si una fuerza magnética le empujara a ello, Julio vuelve despacio su cabeza hacia el pez, que sigue flotando sin vida en el sucio acuario.

JULIO

¿Y para eso me despiertan?

¿Para decirme que la han cagado?

 

Julio vuelve de nuevo a la estantería y comienza a rebuscar entre las cajas y libros allí colocados. Se dirige al pez con la mirada.

 

JULIO

No me irás a decir ahora que no hay un

libro de instrucciones sobre como conducir

este cacharro, ¿verdad?

 

No encuentra nada útil y se dirige al panel de mandos.

 

JULIO

¿Ni siquiera un volante?

 

Debajo del panel hay un cajón que Julio abre y descubre en su interior un libro con detalles técnicos de la nave, pero cuando se dispone a abrirlo, descubre, también en el cajón, una pequeña caja metálica con un mensaje grabado en la tapa: “ABRIR SOLO EN CASO DE MÁXIMA EMERGENCIA”.

 

JULIO

¿Máxima…? Yo no lo hubiera

descrito mejor.

Julio abre la cajita y descubre en el interior dos cápsulas (tipo Valium) y un prospecto explicativo.

 

JULIO

¿Qué es esto?

 

Julio abre el prospecto y comienza a leer: “Estas cápsulas contienen 220 mg de acetona líquida y 10 mg de cianuro puro. Al ingerirlas, la acetona invadirá todos los conductores intravenosos y detendrá el corazón en 5sg. El cianuro detendrá el funcionamiento del cerebro en 7sg. Por lo que la muerte clínica será efectiva en 8sg.” Julio deja caer la caja con las cápsulas al suelo como si temiera ser infectado solo con tocarlas. Se lleva las manos a la cabeza. Se acerca al ojo de buey y comienza a golpearlo.

 

JULIO

No, no, no, no…

¡QUIERO SALIR DE AQUÍ! ¡POR FAVOR!

Quiero salir de aquí…

 

Julio se deja caer al suelo y comienza a llorar, impotente. Poco a poco se va calmando y un extraño ruido le hace ponerse alerta de nuevo. Julio trata de afinar el oído. Otra vez el mismo sonido extraño. Se incorpora despacio. El ruido parece provenir de algo vivo, no es un ruido electrónico o mecánico. Otra vez. Julio se vuelve sobre si mismo, como si el ruido hubiera sido justo detrás de él. Despacio se acerca hacia la estantería, el ruido parece provenir de allí mismo, tiene miedo. Casi aguantando la respiración, va mirando centímetro a centímetro cada parte de la estancia. De pronto, casi de reojo, Julio cree ver algo que se ha movido en el ojo de buey, en la ventana. Muy despacio, y sin dejar de vigilar su alrededor, se acerca a la ventana. A escaso medio metro de ella, Julio pisa la caja de metal de las cápsulas y esta se rompe soltando un chasquido. Grita y casi pierde el equilibrio. Mira al pez con una sonrisa nerviosa.

 

JULIO

¡La caja! ¡Cagón, ha sido la caja!

Seguro que te has muerto del susto,

pez de mierda.

 

Julio se agacha y recoge la caja. Al levantarse ve una cara horripilante en el exterior de la ventana que esta vez si le hace caerse de espaldas y golpearse la cabeza.

FUNDE A NEGRO

 

ABRE DE NEGRO

Julio abre los ojos poco a poco, tiene la cara ensangrentada. Hace el amago de levantarse y se queda paralizado al oír de nuevo el mismo ruido de antes, pero esta vez más cerca, casi detrás de él. Julio casi ni puede aguantar la respiración. No puede levantarse del suelo por el miedo. Junto con el ruido se oye como un goteo de agua. El ruido cesa, pero Julio no se mueve. De pronto algo toca su pie y Julio se levanta de un salto gritando. Algo ha salido velozmente por un compartimento del techo. Julio está desesperado, no sabe qué hacer. Otra vez el ruido. Julio gatea hasta una esquina desde donde poder controlar todo el espacio visualmente y continúa sentado en el suelo. Junto a sus pies están las cápsulas. Con las manos temblorosas las recoge y descubre, extrañado, agua en el suelo. Julio sigue el rastro del agua y descubre que el pez ya no esta en el acuario.

JULIO

Nooo, ¡estabas muerto!

¡Yo te he visto que estabas muerto!

 

Julio comienza a llorar de nuevo, sobresaltándose por los ruidos de las criaturas, que cada vez parecen estar más y más cerca y en mayor número. Llorando, asustado y temblando Julio hace el amago de meterse las pastillas a la boca, pero no se atreve. Los ruidos cada vez parecen más cercanos y Julio, sabiendo que no le queda otra, finalmente introduce las pastillas en su boca.

 

INT. HANGAR DIA

A través del ojo de buey, desde fuera, vemos como Julio comienza a temblar compulsivamente tras haber ingerido las pastillas. La supuesta nave está construida de cartón piedra y decenas de investigadores se encuentran alrededor, trabajando recogiendo datos. En el techo del hangar, sobre  el andamio que rodea la falsa nave espacial, un hombre joven de bata blanca con las siglas S.I.E.T.E. sujeta con sus manos un cazamariposas con el pez muerto en su interior. Al lado del ojo de buey otro hombre joven mantiene en sus manos lo que parece ser una marioneta casera mientras otro, debajo del panel con un mapa astral pintado, que cubría el campo de visión de la ventana, sujeta un altavoz con los ruidos que asustaban a Julio. Al otro lado de la sala, otro grupo de hombres con bata blanca y sus siglas se miran sorprendidos los unos a los otros. El profesor Alameda, alarmado, se acerca corriendo a la nave, con preocupación.

 

PROFESOR

¡Salva!

 

Un chico joven se acerca al profesor con la cara desencajada, iPad en mano.

 

SALVA

¿Profesor? No sé que ha podido ocurrir…

PROFESOR

Dime que las píldoras no eran reales…

SALVA

Aspirina molida. Las hice yo mismo.

 

Detrás de una mesa con varios ordenadores, un hombre joven mira la pantalla en la que aparece la línea continua de la muerte, con su inconfundible pitido. El joven se levanta y se acerca al profesor.

JOVEN

Un ataque al corazón. Creo que…

Parece que se ha muerto de miedo,

profesor.

 

El profesor Alameda baja la mirada y deja caer los documentos de que tenía en la mano, saliendo de la estancia ante la petrificada mirada de los allí presentes. La página principal del documento en el suelo dice:

 

S.I.E.T.E

(Servicio de Inteligencia Español y Tecnología Espacial)

I PROYECTO PSICOLOGICO ESPAÑOL DE

ADAPTACIÓN AL MEDIO ESPACIAL

Por el profesor Armando Alameda

España, agosto 1999

 

 

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